Lily lo miró con ojos serenos y firmes.

—Mi abuela dice que esto puede ayudarla —dijo en voz baja, levantando el frasco—. Es tierra especial… del lugar donde creció.

Daniel casi la detuvo.

Pero entonces…

Se dio cuenta de algo.

La respiración de Emily… se sentía diferente.

Un poco más profundo.

Más suave.

Vivo.

—¿Qué tipo de tierra es esa? —preguntó en voz baja.

“Cerca de un río”, dijo Lily. “Mi bisabuela lo usaba para ayudar a los enfermos. Decía que la tierra recuerda cómo curar… especialmente a las madres”.

Sonaba imposible.

Pero Daniel ya lo había intentado todo.

La esperanza, incluso en su forma más extraña… seguía siendo esperanza.

—De acuerdo —susurró—. Solo… ten cuidado.

Lily asintió.

Sumergió sus manitas en la tierra fresca y húmeda y la colocó con delicadeza sobre el vientre de Emily, extendiéndola lentamente, casi con reverencia.

—Despierta, señorita Emily —susurró—. Tu bebé te está esperando.

Y luego-

Los dedos de Emily se movieron.

Solo un poco.