Parecía cansada.
Eso lo asustó aún más.
¿Estás herido?
“Me duele mucho la barriga.”
¿Cuándo fue la última vez que comiste?
“No lo sé. Había sopa en la estufa, pero olía raro. Bebí agua del grifo.”
“Eso fue inteligente, Ellie.”
“También se lo compartí al señor Buttons.”
“¿Quién es el señor Buttons?”
“Mi osito de peluche.”
Daniel dejó de teclear por un instante.
Entonces levantó dos dedos hacia el canal de patrulla, y el operador que estaba a su lado lo entendió de inmediato.
Muévete ahora.
—Ellie, escúchame bien —dijo Daniel—. Una agente se acercará a ti. Se llama Rachel Carter. Está ahí para ayudarte, ¿de acuerdo?
“¿Está loca?”
“No.”
“¿Estás loco?”
“No, cariño.”
“Mi papá me dijo que no le abriera la puerta a extraños.”
“Eso fue inteligente por su parte.”
La fila quedó en silencio, salvo por la lluvia y un leve estornudo.
“Dijo que solo podíamos ir a la policía o a la señora Kim, la vecina”, dijo Ellie. “Pero la señora Kim se fue de visita a su hermana”.
“Cuando llegue la agente Rachel, dirá su nombre. Puedes mirar primero. No tienes que abrir la puerta hasta que te sientas seguro.”
“Bueno.”
“¿En qué habitación estás?”
“La cocina.”
“¿Qué hay cerca de ti?”
“Mi taza. El señor Buttons. El papel que escribió papá. Y la sopa.”
“¿Qué papel?”
“El periódico sobre la comida.”
Daniel mantuvo un tono tranquilo.
“¿Qué dice?”