Toqué el relicario de mi abuela.
Ya no guardaba secretos.
Conservó la memoria.
Andrew quería mi casa. Rebecca quería mi silencio. Mauricio quería mi herencia. Pero al intentar arrebatarme todo, despertaron lo único que no pudieron robarme: mi voz, mi nombre y la misión que mi abuela me había encomendado.
Esa noche, miré las buganvillas empapadas por la lluvia y comprendí algo que dolía, pero que también sanaba.
Nunca me había perdido una boda.
Había conseguido una vida que por fin era mía.
Si hubieras sido Valeria, ¿habrías perdonado a Ivonne por ayudar a revelar la verdad, o la habrías borrado de tu vida para siempre?