Allí, en su espalda, había una marca inusual, algo que parecía intencional, como si la hubieran dejado allí por alguna razón hacía mucho tiempo.
La esponja se me resbaló de la mano y salpicó en el agua.
« Clara… »
Mi voz temblaba.
« ¿Quién hizo esto? »
Se giró al instante, cubriéndose la espalda con ambos brazos.
« ¡No mires! »
El pánico llenó sus ojos.
« Si lo sabes… me encontrarán. »
Luchando por mantener la calma, fui al pasillo, agarré mi teléfono y llamé a la policía.
« Vengan rápido, por favor… »
Bajé la voz.
« Hay algo muy inusual en la niña que está bajo mi cuidado. »
En ese preciso instante…
Tres golpes lentos resonaron en el apartamento.
Toc.
Toc.
Toc.
Clara salió corriendo y me agarró la muñeca con sorprendente fuerza.
Su rostro se había puesto completamente pálido.
« Están aquí… »
Miré la puerta cerrada.
Pero lo que realmente me heló la sangre no fueron los golpes.
Era la expresión del rostro de Clara, como si ya supiera exactamente quién la esperaba al otro lado.