Muchas personas subestiman la influencia que sus hábitos nocturnos tienen en la calidad de su descanso. Lo que parece una rutina inofensiva —revisar el teléfono o ver videos en la cama— puede afectar gradualmente tu capacidad para recargar energías por completo. Con el tiempo, estos pequeños comportamientos pueden derivar en un sueño más ligero y menos reparador, haciendo que te despiertes cansado incluso después de haber dormido suficientes horas. La buena noticia es que tomar conciencia es el primer paso hacia el cambio.
Uno de los principales culpables es la exposición a las pantallas antes de acostarse. Dispositivos como teléfonos y tabletas emiten luz que puede alterar el ritmo natural del cuerpo, dificultando conciliar el sueño cuando se necesita. Cuando el cerebro permanece en estado de alerta, dormirse lleva más tiempo y la calidad del descanso puede verse reducida. Evitar el uso de pantallas durante la última hora del día puede marcar una diferencia notable en la rapidez y profundidad del sueño.