Durante unos segundos nadie dijo una sola palabra.
Alejandro seguía mirándome como si estuviera viendo a una desconocida.
No apartó la vista de mi rostro.
Ni del vestido.
Ni de mi cabello.
Ni siquiera recordó responder.
Fue Mauricio quien rompió el silencio.
—Creo que acabas de perder veinte mil pesos.
Las risas comenzaron a escucharse alrededor.
Alejandro carraspeó.kara
—Valeria…
Sonrió con evidente incomodidad.
—No sabía que…
—¿Que podía verme diferente?
Lo interrumpí con tranquilidad.
—Supongo que no.
Bajó la mirada un instante.
Era la primera vez que lo veía sin esa seguridad impecable que llevaba todos los días en la oficina.
—Te ves… increíble.
Negué suavemente.
—No.
Di un paso más cerca.
—Me veo exactamente igual que el lunes.
Solo me quité el uniforme con el que decidí volverme invisible.
Vi cómo aquellas palabras le golpeaban más fuerte que cualquier reproche.
Diego levantó su copa.
—Bueno, parece que la apuesta terminó.
Metió la mano en el bolsillo interior del saco y sacó un sobre con dinero.
—Veinte mil pesos.
Lo agitó frente a Alejandro.