Parte 2: Los fríos cálculos de la mañana
A la mañana siguiente, exactamente a las 5:00, me senté en la cocina de mi modesto apartamento. El lado izquierdo de mi cara estaba hinchado y morado, un brutal recordatorio de las treinta bofetadas que me había propinado mi hijo. Tomé un sorbo lento de café negro, sintiendo el escozor en la herida del interior de mi mejilla.
Pero no sentí dolor. Sentí una claridad profunda y absoluta.

Durante treinta y dos años fui el padre de Ryan. Pero desde anoche, simplemente era Leonard Mercer: el hombre que construyó un imperio de la nada. Y era hora de manejar esta situación como una transacción comercial.
Abrí mi portátil y marqué el número de Marcus Vance, mi abogado corporativo y amigo más cercano durante treinta y cinco años. Contestó al segundo timbrazo.
—¿Leonard? Es temprano. ¿Qué ocurre? —preguntó Marcus con voz cortante.
“Marcus, necesito que inicies una transferencia bancaria para la venta de la propiedad de Beverly Hills. La entidad que posee el título es Mercer Development Holding Corp No. 4. Quiero que se venda hoy mismo.”